La vergüenza es sana, como el miedo, que pone al cuerpo en alerta ante un peligro, pero el bochorno ha de crecer para achicar espacio a los necios

El fútbol es, probablemente, el mayor escaparate del mundo. Y prueba de ello es que países que no respetan los derechos humanos han intentado blanquearse a través de competiciones deportivas de audiencia planetaria, como la Supercopa de Arabia Saudí o el Mundial de Qatar,

om/deportes/mundial-futbol/2022-11-13/qatar-2022-la-campana-de-imagen-mas-cara-de-la-historia.html" data-link-track-dtm="">la campaña de imagen más cara de la historia. Ambos estados aplican una interpretación radical de la ley islámica, la sharía. Como si, en España, la justicia imperante fuera una versión moderna de la Inquisición. Confundir a un musulmán con un islamista equivale a pensar que todos los católicos son integristas dispuestos a perseguir y castigar al hereje.

Es lo que pone en evidencia una secuencia magistral de la serie The West Wing, en la que Martin Sheen, el actor que interpreta al presidente de EEUU, llamado Josiah Bartlet, deja KO a la representante de una versión yanqui de Hazte Oír que asegura, en una recepción en la Casa Blanca, que la “homosexualidad es abominable” no porque se lo parezca a ella, sino “porque lo dice la Biblia”. El personaje de Sheen le responde: “Me interesaría vender a mi hija como esclava, tal como aprueba el éxodo 21-7. ¿Cuál cree que sería un buen precio? Mi jefe de gabinete insiste en trabajar en domingo, el Éxodo dice que quien trabaja el séptimo día debe morir. ¿Estoy obligado a matarlo yo mismo? ¿Cree que todo el pueblo tiene que reunirse para apedrear a mi hermano por plantar diferentes cosechas, una al lado de la otra? ¿Tengo que quemar a mi madre por llevar vestidos hechos de dos hilos diferentes?”. Tras el rapapolvo, Burtlet añade: “Tal vez haya confundido esto con una de las reuniones de su grupo de culos apretados e ignorantes, pero en este edificio, cuando el presidente está de pie, nadie está sentado”.