El fútbol debe comprender que proteger la presunción de inocencia no es incompatible con enviar un mensaje contra el racismo

Omar El Hilali (Espanyol) denuncia que Rafa Mir (Elche) le dijo en el campo “viniste en patera”, frase que no es un exabrupto más sino uno de grave peso histórico, un insulto racista porque apunta a la condición humana del otro. ¿Dijo eso Rafa Mir tapándose la boca? ¿Dijo “mono” Prestianni a Vinicius tapándose la camiseta? ¿El madridista expulsado del Bernabéu por hacer el saludo nazi tuvo que haberlo hecho con el brazo metido dentro del jersey? Muchas dudas. Pero no, no lo podemos saber.

Podemos fiarnos del denunciante atendiendo a cuestiones no menores, ninguna de ellas condenatoria en un Estado de Derecho. Por ejemplo, que como en tantos asuntos de la vida, el problema no son las denuncias falsas sino las que no se hacen: las que dejan pasar, las que se obvian (como tantos aficionados –blancos, vaya por Dios– piden a Vini, El Hilali o antes Diakhaby que menos mariconadas, que los negros de antes aguantaban más, que ellos son unos chivatos).

En fin, la rareza de que un futbolista profesional se vaya a inventar un insulto de esa gravedad cuando ese insulto no sólo lo está interpelando a él sino a millones de personas históricamente agraviadas. Y, la verdad, es más fácil imaginarse a un veinteañero con las pulsaciones disparadas subiéndose la camiseta para llamar “mono” a un negro, que a un negro que lleva escuchando “mono” desde niño y parando un partido de fútbol para inventárselo, igual que un marroquí nacido en Hospitalet ante el comentario de la patera. Quizá así se entienda mejor que, sin pruebas, Prestianni o Rafa Mir, pendiente de juicio por presunta agresión sexual, tienen derecho a la presunción de inocencia (porque esto no va de “imaginarse”), como que muchos demos veracidad a las denuncias.