Los juicios por corrupción del PP y del PSOE son un recordatorio de que ambos son los principales responsables de la prevención
En las elecciones que se celebren el año que viene, podrán votar españoles que no habían nacido en febrero de 2009, cuando se produjeron las primeras detenciones del caso Gürtel. Españoles que desconocen la línea de puntos que llevó de una investigación de contratos amañados a una sobre la financiación del PP; y después, a otra sobre una operación de Estado orquestada desde la cúpula de Interior para desactivar al tesorero del partido, Luis Bárcenas, cuando amenazó con tirar de la manta. Este aberrante episodio se conoció como caso Kitchen y llega a juicio mañana, lunes. Se sientan en el banquillo el entonces ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, junto con su número dos y varios altos mandos policiales.
Al día siguiente, los ciudadanos verán ante la justicia un rostro más familiar, el del exministro de Transportes José Luis Ábalos. Secretario de Organización del PSOE y mano derecha de Pedro Sánchez durante cuatro años, hasta que fue apartado en 2021 por razones nunca explicadas, Ábalos se ha convertido en el símbolo de la corrupción política de esta época y de este Gobierno. Junto a su principal colaborador, Koldo García, se le acusa de participar en el amaño de contratos de mascarillas en la pandemia. La investigación acabó descubriendo una trama corrupta que implica también a su sucesor en la Secretaría de Organización, Santos Cerdán. Es el caso de corrupción más bochornoso del PSOE desde los años noventa.







