El Gobierno de Sheinbaum intensifica por distintas vías la comunicación con la Casa Blanca con el objetivo de mandar de nuevo combustible a la isla sorteando las sanciones
Donald Trump ha abierto una pequeña puerta para la entrada de petróleo a Cuba y México está buscando cómo aprovecharla. La autorización del presidente estadounidense a que un buque petrolero ruso, con más de 700.000 barriles, llegara la semana pasada a los puertos de la isla supone el primer gesto de flexibilidad desde la asfixia energética impuesta hace tres meses. En la Casa Blanca ya han avisado que no se trata de un cambio en su política de presión y que analizarán caso por caso la entrada de más buques. Por esa rendija tratará de colarse el petróleo mexicano. El Gobierno trabaja en varios frentes para “buscar alternativas, pero con el límite de no poner en riesgo al país con sanciones”,...
apuntan fuentes cercanas a la presidencia. Es decir, no moverán un dedo sin la autorización explícita de la Casa Blanca que, como es habitual con Trump, ha enviado más de una señal contradictoria.
Primero decidió abrir la mano para permitir que el petrolero con bandera rusa Anatoly Kolodkinm superara la línea de control marítimo que la Guardia Costera estadounidense levantó en enero en el perímetro de la isla. Desde el Kremlin deslizaron que el Gobierno ruso había obtenido la autorización de Washington. Trump dijo por su parte que no tenía “ningún problema” si un país quería enviar petróleo a Cuba “porque da igual si consiguen o no un barco de petróleo. Están acabados”. Al día siguiente, la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, puntualizó que “no ha habido un cambio formal en la política de sanciones” y que permitieron el buque ruso por las “necesidades humanitarias del pueblo cubano”.








