La obligación de abrir un diálogo antes de acudir a los tribunales en divorcios provoca un choque entre detractores y partidarios que ha llegado al Congreso
La primera pareja de las tres que hoy tratan de enterrar el hacha de guerra ya ha llegado al edificio judicial en el centro de Barcelona. Son los padres de Laura (nombre ficticio) que, tras separarse, siguen sin acordar aspectos clave de la custodia de la menor. Su divorcio ha sido duro, áspero: contencioso, como el 20% de lo...
s 40.000 que se registran cada año en España y en los que están involucrados menores. Un juzgado de familia dictó sentencia sobre el caso, pero la han recurrido. Así que tres años después, y con la hija ya enfilando la adolescencia (13), siguen enfrascados en litigios. La pareja accede a una sala de vistas de la Audiencia de Barcelona, el órgano que tendrá la última palabra. Pero esta vez no han venido a pelear: van a someterse a un proceso de mediación.
La sala ha sido adaptada para hacerla más amable a ese fin: se sientan frente a una mesa, el uno al lado del otro, acompañados de sus abogados. La mediación es su última oportunidad para acordar por sí mismos lo que, de otra forma, acabará decidiendo un tribunal. “Supongo que no quieren dejar en manos de tres desconocidos la crianza de su hija”, les dice Raquel Alastruey, una de los tres magistrados que dictarán el fallo, a modo de provocativa invitación para que aprovechen el proceso de diálogo por el bien de su hija. “[Laura] es empática y se ha puesto en sus zapatos. Pero si quieren ganar esta batalla entre ustedes, quizá perderán la guerra, que es la niña”, sigue. El padre la mira hierático, compungido, mientras las lágrimas caen por el rostro de la madre. Aceptan quedarse y hablar.






