El exciclista eslovaco, tres veces campeón del mundo y ganador del Tour de Flandes hace 10 años, atiende a EL PAÍS antes de que las campiñas flamencas acojan el segundo monumento del curso
Sin entrenamientos, rutinas ni dietas estrictas, la vida le sonríe a Peter Sagan (Zilina, Eslovaquia; 36 años). “Tengo que viajar mucho por mis patrocinadores”, más de media docena, revela en italiano, “pero el estrés y las expectativas de los resultados han desaparecido por completo”. Tampoco hay rastro de la arritmia cardiaca que le obligó a parar en 2024. Perdura, eso sí, el recuerdo de un ciclist...
a legendario, retirado con 121 victorias y tres maillots arcoíris consecutivos, precursor, en esencia, de la actual generación de ciclistas extraordinarios. Diez años hace, justo diez, que el eslovaco ganó en Flandes su primer monumento. Coincide el aniversario con la última venida de Tadej Pogacar, quien busca este domingo ante Van der Poel y Evenepoel su tercer triunfo en De Ronde (a partir de las 10.20; Eurosport).
Pregunta. ¿Cómo se explica la complejidad de Flandes?
Respuesta. Es estrés constante durante todo el día. Los primeros 100 kilómetros todo va bien sobre el asfalto, pero después empieza la traca del adoquín y todos quieren ir delante. Izquierda, derecha, arriba, abajo, pavé, curva, cambio de ritmo. Es una locura. Más aún con el viento y el desnivel: más de 2000 metros en rampas de 500, 800 metros o un kilómetro. Un mix terrible que convierte a Flandes en una carrera dificilísima.







