El duelo de taquillas entre ‘Torrente presidente’ y ‘Amarga navidad’, azuzado por las redes sociales, es el último ejemplo de la batalla ideológica llevada a las butacas del cine. Pero lleva ocurriendo desde los años sesenta

Como vivimos un momento en el que cualquier anécdota puede provocar una guerra cultural, el estreno de dos propuestas cinematográficas esperadísimas no iba a ser ajeno a la polémica. Y más cuando las películas son taquilleras y supuestamente opuestas, aunque las dos tienen muchos puntos en común: al frente están dos nombres capaces de llevar masas a los cines, Santiago Segura y Pedro Almodóvar, que a su vez son dos personas a las que se escucha cuando hablan porque no suelen dar puntada sin hilo.

Sus estilos son antagónicos, aunque no tanto. Almodóvar está muy lejos de los tiempos en los que en sus películas se cantaba “Te quiero porque eres sucia, guarra, puta y lisonjera, la más obscena de Murcia y a mi disposición entera” o se hablaba de erecciones generales y monjas yonkis, pero también el Segura actual y su cine familiar tienen poco que ver con el director que rodó los cortos Evilio o Perturbado. Lo que sí ha sido radicalmente opuesto es su manera de abordar la campaña promocional. Segura, consciente de que Torrente es una marca imbatible, no ha hecho promoción de una película de la que tan solo se sabía el título, aunque él mismo es una promoción ambulante. Sin embargo, tanto Almodóvar como las estrellas de su película se han prodigado bastante. Es pronto para hacer un balance de sus resultados en taquilla, pero con sus dos millones de espectadores en apenas tres semanas, parece claro que Segura se ha impuesto claramente. Esto siempre pensando en el mercado patrio; fuera es otro cantar. No es la primera vez que dos películas con vocación de taquilleras coinciden, ni la primera vez que le pasa a Almodóvar. Estos son algunos ejemplos anteriores.