España es uno de los principales organizadores de pruebas de ultrafondo, una especialidad bajo el radar que seduce y promete experiencias de autosuficiencia con grandes dosis de compromiso e incertidumbre

El francés Sofiane Sehili, una de las grandes referencias del ciclismo de ultradistancia, deseaba vivir otra aventura. Pero se le fue de las manos. A principios del pasado mes de septiembre, se hallaba bien cerca de batir el récord del mundo de la travesía de Eurasia (18.000 kilómetros entre Lisboa y Vladivostok) establecido en 64 días y dos horas por el alemán Jonas Deichmann en 2017. Tan al alcance tenía el registro, que se le nubló el juicio. Al alcanzar la frontera entre China y R...

usia, supo que le estaba prohibido cruzar en bici y que su única opción era cruzar en el tren de las 9.30 de la mañana del día siguiente. Hizo números y entendió que no batiría el récord. Decidió jugársela y fue capaz de entrar en Rusia de forma ilegal. Asustado por su propia osadía, se entregó a las autoridades: pasó 50 días en un calabazo antes de ser deportado.

El ultraciclismo es un deporte underground, una experiencia más próxima al compromiso y la incertidumbre del alpinismo que al ciclismo de élite. Un viaje, una aventura, una vuelta a los orígenes, un homenaje a los pioneros del Tour, un bendito disparate, libertad… y caos. Con todo, hay bofetadas para participar en las pruebas de referencia, y desde España se organizan unas cuantas: Basajaun, Transibérica, Transpyrenees, Badlands, lo Voltor de la Garba, Lost Horizons, 500 Millas Caníbal…