Solo con el tiempo se apreció lo que significó aquel partido y la profunda y bella rivalidad que nació en él

Igual el nombre de Spartans de Michigan State y los Sycamores de Indiana State no dice mucho. Seguro que muchos de ustedes ni habían nacido en 1979 y a otros muchos les quede muy lejana la fecha. Y casi con toda seguridad, no hubo en el momento en España consciencia de lo que estaba pasando en Estados Unidos el 26 de marzo de ese año en el campeonato universitario de baloncesto, la liga NCAA. Con el tiempo se supo que el partido entre Michigan State contra Indiana State había inaugurado una época que determinó el futuro de la NBA. Y todo, por el nombre de dos muchachos imberbes que lideraban los dos equipos,

d/1331739176_108909.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/cultura/2012/03/14/actualidad/1331739176_108909.html" data-link-track-dtm="">Earvin Johnson y Larry Bird. Al primero le llamaban Magic.

Michigan State ganó por 75-64, pero como en los partidos que crecen según pasan las décadas, del resultado no se acuerda nadie. Aquella final universitaria tuvo a más de 35 millones de espectadores delante del televisor, número aún hoy no superado en el baloncesto universitario estadounidense. Era una época en la que la NBA languidecía y las finales se retransmitían en diferido, muestra del poco interés que tenía la competición. Pero aquel partido capturó la atención del país de una manera inesperada. De repente, el baloncesto dejaba de ser un producto menor para convertirse en un espectáculo capaz de competir con cualquier otro evento deportivo.