La campeona olímpica de 800m considera un paso atrás en la consideración de la mujer y diferencia de trato con el hombre el veto del COI a las trans y a la deportistas con diferencias de desarrollo sexual
En L’Équipe de este sábado, la viñeta reflexiva-humorística de Lasserpe. Bajo el título, “test de feminidad en los Juegos Olímpicos de 2028”, dos hombres, una tabla de planchar con ropa arrugada encima y una mujer: “Tiene cinco minutos para planchar una camisa”. La mujer, hombros caídos, fatalista, rendida, se lamenta: “Cuando hablamos de un gran paso atrás, estamos aún muy lejos de la realidad”....
Con iguales derrotismo y tristeza, y un cierto apunte de ironía, Jonathan Ospina, investigador de la Universidad de Valladolid, lee el documento del Comité Olímpico Internacional (COI) que fija el dogma único de “mujer biológica” y retoma los controles genéticos de cromosomas para expulsar del deporte de competición a las transgénero y a las intersexuales porque su organismo produce demasiada testosterona para lo que es normal en el sexo femenino, baja los brazos y llora: “Bienvenidos a 1984”.
El paso atrás del COI al retomar unos test de sexo abandonados en los años 90 del siglo pasado por consideraciones éticas y legales, conforta al orden establecido, a la necesidad de establecer reglas fijas para una realidad ambigua, y enfurece y rebela a quienes la sufren y al mundo de la ciencia y la ética.













