La norma para prorrogar los alquileres tiene todos los visos de desplomarse, por falta de suficiente apoyo parlamentario. Pero no tanto por causa de que sea “de izquierdas”, sino porque es insuficiente

Es un secreto a voces. Por más campañas que se lancen, el segundo decreto contra el impacto de la guerra de Irán, focalizado solo en la vivienda, tiene todos los visos de desplomarse, por falta de suficiente apoyo parlamentario....

Pero no tanto por causa de que sea “de izquierdas”, sino porque es insuficiente. Solo prorroga los contratos de alquiler vigentes (en dos años), y establece un tope a su precio (del 2%). Cuando ya se ve que la dinámica de la inflación iraniana catapulta al euríbor, encareciendo el acceso al crédito para la compra.

Y porque es sesgado: la factura de la protección social recae en los tenedores privados o mixtos, sin participación del sector público —teórico titular de la protección del Estado del bienestar—, con efecto psicológico acumulado.

Claro que la escandalera conservadora que ha generado es excesiva: el tope del 2% apenas perjudica al casero, al ser muy próximo a los tres índices vigentes; es, en sí mismo, casi retórico. Y en el caso de Junts —que sí ha votado el decreto “energético”—, su negativa resulta paradójica, pues el principal efecto de la prórroga operaría fuera de Cataluña, donde ya rigen los topes a las alzas de precios en caso de renovación de contratos en zonas tensionadas, casi todas.