Después de décadas de investigación en ejercicio físico, los mayores beneficios se observan cuando la carga de entrenamiento está bien prescrita

Hay dos tipos de personas en el gimnasio. Los que llegan cuando aún no ha amanecido, con el café en la mano y la determinación intacta. Y los que aparecen al caer la tarde, cuando el cuerpo parece por fin haber despertado del todo. Y ambos creen tener razón....

Durante años, la cultura del fitness ha alimentado una pregunta aparentemente sencilla: ¿Es mejor entrenar por la mañana o por la tarde? ¿Se gana más músculo al final del día? ¿Mejorará más mi salud cardiovascular si entreno a una hora concreta?

La respuesta, como casi siempre ocurre, es algo más compleja que los eslóganes motivacionales. Nuestro organismo está regulado por ritmos circadianos, ciclos biológicos de aproximadamente 24 horas controlados por un marcapasos central en el cerebro: el núcleo supraquiasmático. Este sistema sincroniza variables como la temperatura corporal, la presión arterial, la secreción hormonal o el estado de alerta.

La temperatura corporal, por ejemplo, alcanza su punto más bajo de madrugada y su máximo entre las cinco y siete de la tarde. Y esto no es un detalle menor, ya que cuando la temperatura es más alta, la función neuromuscular suele ser más eficiente. No es casualidad que numerosas revisiones hayan mostrado que el rendimiento en fuerza, potencia y velocidad suele alcanzar su pico por la tarde. En condiciones basales, solemos ser ligeramente más fuertes al final del día.