Los partidos se empeñan en enturbiar el mayoritario rechazo del Congreso al conflicto en Oriente Próximo

Cuando la guerra contra Irán declarada por Donald Trump y Benjamín Netanyahu está a punto de cumplir un mes, el pleno del Congreso abordó ayer un conflicto que vulnera el derecho internacional, sacude la estabilidad del mundo entero, se ha cobrado ya centenares de víctimas e incide de forma directa en la vida y el bolsillo de los españoles, tanto por los ataques de Estados Unidos e Israel como p...

or la respuesta de Teherán en toda la región. Era un debate muy esperado y su mejor conclusión —acaso la única positiva— fue el amplio rechazo a la guerra que mostró la Cámara Baja, congruente con el sentir mayoritario de los ciudadanos.

Por encima de la bronca partidista —de la que el pleno volvió a estar sobrado— y pese a todos los matices y ambigüedades, en la sede de la soberanía popular quedó patente que los españoles y sus representantes se oponen a un conflicto que Europa no apoya pero sufre. Ni siquiera el líder de Vox, Santiago Abascal, defendió la ofensiva desatada contra el régimen iraní el 28 de febrero.

Ese necesario punto de partida fue, lamentablemente, también el de llegada. El debate certificó que no existen puentes entre los dos principales partidos, el PSOE y el PP, para consensuar una política de Estado a la altura de la gravedad del desafío. Gravedad que reconocieron prácticamente todos los oradores y que merecería una respuesta consecuente. El “no a la guerra” resulta insuficiente si se queda en un simple lema, por rotundo que sea, en un momento tan incierto como el presente. Pero de nada sirve sustituirlo por un “no a la guerra, no a Sánchez”, frase con la que el líder popular, Alberto Núñez Feijóo, resumió la posición de su partido.