El joven madrileño sucumbe al oficio del checo: 7-6(1) y 7-5, tras 2h 02m

Exprimió a Jiri Lehecka, pero no fue suficiente. Bravo, en cualquier caso, por Martín Landaluce y este bonito viaje que ha deparado por el Masters de Miami en el que el español, de 20 años, deja su carta de presentación: meritorio lo de alcanzar los cuartos de final de un Masters 1000, pero más relevante todavía las señales emitidas, que advierten de un joven con potencial, apetito y decidido a dar un nuevo rumbo a una evolución que parecía haberse enfriado. De eso nada. Tiene ahora a tiro el top-100. Después de ganar seis partidos en ocho días, el español, procedente de la fase previa, chocó finalmente con el checo, quien progresó entre sudores: 7-6(1) y 7-5, tras 2h 02m.

Aquí se acaba la experiencia, pero, visto en perspectiva, el destape de estos días tal vez signifique un nuevo punto de partida. Quién sabe. Fundamentos no le faltan. Se coronó como júnior en Nueva York (2022) e insinuó después —primer triunfo ATP, en 2024— en este mismo escenario, pero a esos chispazos le siguió un periodo de horneado que contrasta con la irrupción excepcional de otros talentos. Su aparición y el dichoso deseo de que todo vaya muy rápido, de que cualquier signo de juventud sea genial. Él sigue el camino lógico, lo más normal: escalón a escalón. Y se marcha con un gran botín entre las manos, porque independientemente de cotas, victorias y puntos, pesa la sensación de que ahí hay madera de la buena.