Este complemento está siendo indispensable en mi maternidad. Todas respetan la postura ergonómica de la espalda y piernas de los bebés y son ideales para llevarles desde su nacimiento
Cada vez son más las familias que eligen portear a sus bebés; una alternativa con múltiples beneficios: al colocarle sobre el pecho de la madre puede escuchar su corazón, sentir su respiración y su olor, lo que le tranquiliza y hace que se duerma de forma más plácida.
Del mismo modo, favorece el desarrollo físico y neurológico del bebé, se potencia el vínculo y contribuye a crear un apego seguro… Pero no vale cualquier ‘cosa’ para portear: se necesita una mochila o un fular ergonómico, es decir, con el que la espalda queda colocada con una forma de C y las piernas en M y no se corre el riesgo de un desarrollo incorrecto de la columna vertebral ni de la articulación de la cadera.
Las mochilas portabebés y los fulares de porteo han sido para mí un producto imprescindible sobre todo durante los primeros meses tras el parto: me han permitido llevar a mi bebé muy cerquita del pecho, favoreciendo su descanso y el apego, y me han dejado las manos libres para poder atender a mi hijo mayor o hacer otras cosas. También lo utilicé con él aproximadamente 4 meses. Luego tenía demasiado interés por mirar hacia delante y es una posición totalmente desaconsejada por los expertos, por lo que pasó al carro. Con la pequeña, de dos años, sigo usándolo cuando vamos a sitios concurridos y no quiero llevar la silla —pesa menos de 10 kilos, así que todavía puedo con ella—, y muy especialmente para garantizar las siestas si nos pilla fuera de casa.






