Cristina Rosillo altera el enfoque androcéntrico de la historia y proyecta una mirada femenina sobre el imperio tras reunir multitud de cartas, epitafios, grafitos o textos literarios

Durante largo tiempo, la historia de Roma —la historia en general— se ha explicado en masculino: tan solo emperadores y generales, oradores y juristas, historiadores y poetas enhebraron su relato. En esa narración monumental, las mujeres han aparecido siempre como prisioneras de ese mundus muliebris definido en masculino por

t="_self" rel="" title="https://elpais.com/babelia/2023-10-27/emperador-de-roma-de-mary-beard-vida-publica-y-secretos-privados-de-los-gobernantes-que-fueron-mortales-y-dioses.html" data-link-track-dtm="">Tito Livio. La agencia de las mujeres la definían los varones y las mujeres tenían dos opciones, o acatar púdicamente su dictado o asumir los riesgos de hacer sentir su voz y perseverar en su ser.

Todos sabemos que eso nunca fue así, ni en Roma ni en ningún lugar de la historia, porque, como seres de palabra que somos, hacemos uso de ella; otra cosa es que seamos escuchados. El libro Romanas. Voces rescatadas, de la historiadora Cristina Rosillo López, se propone alterar ese enfoque androcéntrico y proyectar una mirada femenina sobre la historia romana a través de las voces de las mujeres que vivieron en ella y que, aunque con frecuencia invisibles en las grandes narrativas de la historia, dejaron huellas en las grandezas y miserias del mundo romano. Mirada femenina por supuesto inclusiva, porque solo inclusiva puede ser la historia que se precie de tal.