Todos tenemos pensamientos que nos asaltan de forma recurrente. Las redes sociales han revelado que los hombres tienen una extraña propensión a pensar en el Imperio romano. Son pensamientos, obsesiones o simples ideas que nos vienen a la cabeza cuando uno menos se lo espera. ¿Cuál es tu imperio romano? Varias firmas de EL PAÍS cuentan en esta serie aquello en lo que no pueden dejar de pensar y buscan lo que hay detrás. Esta primera entrega ahonda precisamente en la obsesión masculina por el imperio romano....

Hay que reconocer que el tópico tiene parte de cierto y muchos hombres padecemos una indiscutible obsesión con el imperio romano, sobre todo con las legiones, los gladiadores y los emperadores, preferiblemente los muy guerreros, locos y tiranos, por no hablar de las orgías. Es difícil decir por qué esto es así y por qué pensamos a todas horas en los romanos, pero nos fascina de manera especial, me temo, la colorista violencia de ese mundo, expresada en su ejército y en los combates del anfiteatro. ¡Cómo nos ponen el aparato militar desplegado contra los bárbaros en los bosques de Germania o Britania, la lucha entre el tracio y el reciario en la arena del Coliseo, las peligrosas carreras de cuadrigas en el Circo Máximo!... Hay amigos con los que, para estupor de los extraños, nos saludamos con frases enteras de Gladiator (“Mi nombre es Máximo Décimo Meridio, comandante de los Ejércitos del Norte, general de las Legiones Félix, fiel servidor del emperador Marco Aurelio”, etcétera), con la consigna del general antes de desatar la batalla contra los bárbaros (“Fuerza y honor”) o con la letanía de los Monty Python de “¿qué han hecho los romanos por nosotros?”. Los hay que tienen en casa y hasta en el despacho un escudo de legionario, un casco de centurión (los más afortunados) o una espada (yo mismo), y hasta coleccionan los Playmobil de romanos, incluida la trirreme, esa maravilla. SPQR no es para nosotros el acrónimo de Senatus Populusque Romanus, sino de Siempre Pensando ¡Quiero Romanos!