El cuestionamiento de la cifra oficial de desaparecidos por parte del Gobierno de Milei, los libros que lavan la dictadura española y el rechazo de Meloni a definirse como “antifascista” alertan sobre los riesgos del revisionismo sin rigor
En vía Rasella, en pleno centro de Roma, hay un edificio acribillado. Las metralletas dejaron tantos agujeros que basta una visita por Google Maps para verlos. Por ahí transitaba la tarde del 23 de marzo de 1944, en la ciudad ocupada por Alemania, el batallón Bozen, cuando el grupo partisano Gap hizo estallar dos bombas. Murieron 33 soldados, mientras sus compañeros supervivientes disparaban hacia todos los lados.
22-04-24/el-barrio-romano-que-planto-cara-a-hitler.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/cultura/2022-04-24/el-barrio-romano-que-planto-cara-a-hitler.html" data-link-track-dtm="">Todavía lo recuerdan los muros. E Italia entera: la venganza nazi trucidó al día siguiente en las Fosas Ardeatinas a 335 personas, 10 por cada alemán fallecido. Los dos episodios ocupan desde entonces los manuales de historia y la memoria. Pero, hace tres años, se reescribieron.
El presidente del Senado, Ignazio La Russa, afirmó en 2023 sobre vía Rasella: “Mataron a una banda musical de semijubilados”. Y la presidenta del Gobierno, Giorgia Meloni, con ocasión del homenaje anual a las víctimas de las Fosas Ardeatinas, lamentó los “335 inocentes masacrados solo por ser italianos”. De ahí que la Asociación nacional de partisanos y unos cuantos historiadores se sintieran obligados a matizar que la lista de fusilados incluía sobre todo a miembros de la resistencia, opositores políticos y judíos.







