En una prueba que se estrenó en Torun, Markel Fernández, Paula Sevilla, David García y Blanca Hervás se suben al segundo escalón del podio, solo por detrás de Bélgica. El bronce fue para Polonia tras la descalificación de Jamaica
España se ha inventado en el siglo una tradición de relevo ganador y festivo que hace que los niños que quieren ser atletas le pidan a los Reyes un cilindro metálico para manejarlo y lanzarlo al aire, girarlo, recogerlo, como si fueran majorettes y pasárselo veloz de uno a otro. Cuando crecen, los que tienen planta de 400 piden el testigo ya el primer día de entrenamiento, y la cultura popular los aclama, y los bautiza. Los Beatles fueron el cuarteto masculino –Samuel Fernández, Lucas Búa, Darwin Echeverry y Óscar Husillos, y luego Bernat Erta, Manuel Guijarro, David Cañal, Bruno Hortelano…—que se hizo habitual en finales continentales, y una plata en el Mundial indoor de Belgrado 22, y a las mujeres –Paula Sevilla, Daniela Fra, Eva Santidrián y Blanca Hervás-- les tocó ser las burbujas de oro, golden bubles, cuando hace un año ganaron en China el Mundial de la especialidad.
El cuarteto mixto, nuevo en la plaza de la elite mundial, y con qué fuerza, medalla de plata en su primera gran final, aún no tenía nombre popular, pero vista la manera en que se desarrolló la final al mediodía en la caldeadísima, y casi sangrienta, pista de Torun, un azul oscuro casi gris que brilló deslumbrante con las pisadas de los pies rápidos y prodigiosos de los atletas, y para España varió entre un Mamma Mia y un Waterloo, no quedará más remedio que bautizar Abba a los cuatro de Pomerania, Markel Fernández, Paula Sevilla, David García Zurita y Blanca Hervás, por orden de actuación, que después de pasar últimos los primeros 400m, pudieron después con Jamaica, Polonia, Estados Unidos y Holanda, y solo se escapó, muy ligera, la Bélgica que es la gran especialista de la prueba. Es la primera medalla española en esta edición de los Mundiales de atletismo en pista cubierta.






