El activista, señalado por agresiones sexuales esta semana, fue el cofundador del mayor sindicato de trabajadores agrícolas en EE UU. Era adorado como un héroe, aunque siempre estuvo lleno de contradicciones

Más de 60 escuelas de todo el país llevan su nombre. También plazas, avenidas, bibliotecas, parques, centros comunitarios, memoriales y hasta un buque de carga de la Armada estadounidense. Su legado ha sido conmemorado por tres presidentes, y su fecha de nacimiento es celebrada a nivel nacional. O lo era hasta ahora. César Chávez, el líder sindicalista venerado como símbolo de la lucha por los derechos civiles de los latinos en Estados Unidos, ha sido acusado esta semana de abusar sexualmente de niñas y mujeres durante décadas. Las denuncias en su contra han abierto una herida profunda y dolorosa en la comunidad latina y la han obligado a enfrentar su pasado, lleno de contradicciones.

The New York Times reveló el pasado miércoles en una extensa investigación que Chávez, cofundador del mayor sindicato de trabajadores agrícolas en el país, United Farm Workers (UFW), manipuló y abusó de menores cercanas al movimiento que lideró desde los años sesenta hasta su muerte en 1993. Ana Murguia y Debra Rojas, ambas hijas de activistas cercanos al sindicalista, contaron al periódico que fueron embaucadas por Chávez desde temprana edad, entre 8 o 9 años, y que el abuso ocurrió entre 1972 y 1977. En el caso de Rojas, fue violada a sus 15 años. Dolores Huerta, la activista chicana que fundó la UFW junto a Chávez y quien fue su mayor aliada en la lucha por los derechos de los campesinos, denunció que también fue violada por Chávez en dos ocasiones distintas que resultaron en embarazos.