La inspección sanitaria admite que la paciente vivió siete años sin saber que padecía el virus del papiloma humano, por lo que no tomó medidas

Siete años de silencio rompieron su vida para siempre. Corría enero de 2015 cuando esta mujer de 28 años, cuyo nombre ha sido anonimizado en la documentación consultada por EL PAÍS, acudió al centro de salud Padre Benito Menni de Ciempozuelos (26.000 habitantes, Madrid) para una citología vaginal. Detectaron hongos. Lo que nadie le comunicó es que en el análisis también se observaron unas “células escamosas atípicas de significado incierto”. ...

En julio de ese mismo año, un segundo análisis le puso nombre al miedo: la paciente padecía el virus del papiloma humano (VPH), con genotipos de alto riesgo. Nadie la llamó. Nadie le avisó de la posibilidad de que desarrollara cáncer. Tampoco le informaron de que debía realizarse pruebas complementarias, como una colposcopia. Siete años después, aquel silencio llenó su vida de ruido.

El aviso fue la sangre. La señal de alarma, el dolor en la fosa ilíaca derecha. Luego llegó el diagnóstico: adenocarcinoma de 5,5 centímetros. Cáncer. Una operación “radical” en el hospital Infanta Elena que la dejó sin la opción de tener hijos biológicos. Quimioterapia. Radioterapia. Tenía 35 años, y un infierno por delante, según su detallado relato: las secuelas vasculares le obligan a tomar una pastilla anticoagulante de sangre el resto de su vida; sufre una arterioesclerosis de las arterias en las extremidades; dolor neuropático de pierna izquierda; linfedema; ganancia de peso derivada de la menopausia precoz... incluso le fue reconocida la baja por incapacidad temporal en su trabajo.