Unos 1.500 vecinos celebran el rezo del fin del Ramadán en un aparcamiento público después de que el Ayuntamiento les prohibiera hacerlo en un polideportivo
A las 7.10 de este viernes, cuando apenas salía el sol en el municipio murciano de Jumilla (27.600 habitantes), dos jóvenes arrastraban unos cubos y unas fregonas y algo de sueño. Repartían chalecos amarillos para una veintena. Un hombre con túnica azul daba órdenes casi en susurro a la mayoría. Mientras, un puñado de policías esperaba junto a unas vallas a una multitud que no llegaba. Mercedes, la encargada de la piscina municipal, había tenido que abrir una hora antes de lo normal (a las seis). Mientras la mayoría del pueblo aún dormía y otros salían a trabajar, ajenos a este trajín, en un rincón improvisado de la localidad estaba casi todo listo para celebrar lo que hace siete meses parec...
ía improbable. La manzana de la discordia que la ultraderecha había sembrado en Murcia: el rezo musulmán del fin del Ramadán.
Alrededor de 1.500 vecinos musulmanes de la localidad vinícola por excelencia de la región se han reunido para orar en una explanada donde apenas cabían. Un lugar cedido por el Ayuntamiento después de meses de negociaciones con la comunidad islámica para encontrar un sitio que esquivara la medida que prohibía hacerlo donde siempre: en el polideportivo municipal. Un espacio que no es el ideal, contaban algunos de los que acudían esta mañana, “pero es lo único que nos han dejado”, se resignaba Mohamed Chakour, vicepresidente de la comunidad.






