El filme aspira a emular a la saga Bourne y apenas alcanza a ser una de Jason Statham con trazos gruesos, postalitas frente al sol y un desenlace superficial
A mediados del pasado enero, Matt Damon desveló a los medios de comunicación lo que parecía un secreto a voces desde hacía tiempo: que Netflix hace películas pensando en la gente que no suelta el teléfono móvil ni a tiros, y que recomiendan que la esencia del argumento y los intríngulis de la trama “se repitan tres o cuatro veces a través de los diálogos”, no vaya a ser que la primera o la segunda pille a alguien dando un “me gusta” a una historia de Instagram o poniendo un emoticono a un WhatsApp. Las diferencias entre ver una película en ...
el cine o hacerlo en casa son evidentes para cierto tipo de espectador, y las declaraciones de Damon, realizadas además durante la promoción de un producto de acción de Netflix, El botín, no se van de la cabeza a lo largo de las dos horas que dura Zeta, ambiciosa producción española para Prime Video, que se estrena este viernes en exclusiva en la plataforma. Cine comercial español de espionaje para ver en casa. Y, sobre todo, para no perderse nunca con la trama.
Son unos cuantos los nombres relevantes en Zeta. Dani de la Torre, director y coguionista, que desde su película de debut, El desconocido (2015), un estupendo thriller de entretenimiento con matices sociales, no ha parado de abordar el cine de género con intenciones comerciales, aunque con una base histórica que hablara también de aspectos políticos de la realidad española de época. Así lo hizo en la un tanto aparatosa y bastante menos trascendente de lo debido La sombra de la ley (2018), ambientada en la Barcelona de los prodigios de Eduardo Mendoza, entre el desastre de Annual y los atentados anarquistas. Y de este modo lo repite en Zeta, aunque esta vez con el espionaje como eje genérico, en una producción que pasa sucesivamente por Tailandia, Panamá, Japón, Estonia, Brasil, Inglaterra, Colombia y, por supuesto, España, con una trama en la que se fusionan antiguos agentes del CESID y altos mandos actuales del CNI, un antiguo jefe de la banda terrorista ETA, las FARC colombianas, el narco y contrabandistas de armas. Ahí es nada. Ahora bien, con un nivel de sobrexplicación digno de las palabras de Damon, por medio de flashbacks asentados en redundantes textos en off y de diálogos en los que, más que informarse unos personajes a otros, parecen estar haciendo croquis continuos para espectadores perezosos.






