Si avanza la idea de clasificar como terroristas a las dos mayores organizaciones criminales de Brasil, EE UU puede generar las condiciones necesarias para intervenir en el país

Mientras libra su guerra contra Irán, haciendo estallar a personas, edificios y los precios del petróleo, Donald Trump sigue avanzando casillas en el tablero de Latinoamérica. No solo Venezuela —invadida y, según él, dominada—, Cuba o Colombia, sino también Brasil, pero con otro tipo de arma. Según el portal de noticias UOL, con amplia repercusión en la prensa brasileña, Estados Unidos ya habría decidido clasificar a los dos mayores grupos de crimen organizado del país como organizaciones terroristas. El Primer Comando de la Capital (PCC), surgido en el sistema penitenciario de São Paulo, y el Comando Vermelho, originado en una cárcel de Río de Janeiro, entrarían así en la lógica de la “guerra contra el terror”. En este momento resulta más difícil hacer en Brasil lo que hizo en Venezuela. Pero si puede afirmar que el país no consigue controlar el terrorismo en su territorio, Estados Unidos podría justificar una mayor injerencia en las políticas públicas brasileñas e incluso una intervención.

Este propósito, que surgió en mayo de 2025, se retoma en un momento muy delicado: en octubre, si nada cambia, las elecciones brasileñas enfrentarán al actual presidente, Luiz Inácio Lula da Silva, que aspira a la reelección desde el centro, con Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, como principal opositor desde la extrema derecha.