Los preliminares y las partes sensibles del cuerpo, al margen de los genitales, siempre han estado asociadas a los juegos, pero no a la relación sexual con mayúsculas. Gran error, porque el deseo y la fogosidad tienen mucho que ver con ellas

El seductor de antaño, encarnado en el cine en la figura de James Bond, era un tipo elegante, inteligente, atractivo, refinado y experto en las artes amatorias, como sugerían las tórridas escenas de cama siempre presentes en sus aventuras. Hoy, en cambio, el sex symbol masculino es, para muchas personas, el empotrador. “Yo lo que busco, en realidad, es un empotrador”, dicen algunas concursantes de First Dates, aludiendo al macho alfa. Se le supone un gran vigor y potencia sexual, caracterizado por una actitud dominante y directa, con poco tiempo para la seducción, el flirteo o los preliminares. Recurriendo a un símil gastronómico, hay partidarios de la comida rápida y amantes de los restaurantes con estrella Michelin. Y si la diferencia entre una pizza congelada y un menú degustación está en la elaboración y los ingredientes, lo que distingue a un rapidito de un polvazo es el calentamiento previo, que necesita recrearse en las zonas erógenas. El amante experto no toma atajos, sino el camino más largo, porque su meta no es llegar lo antes posible, sino prolongar al máximo la experiencia.