Lucía Delgado y Tábata Cerezo se aseguran de que en el rodaje de escenas de sexo en las ficciones audiovisuales no se creen situaciones incómodas para quienes deben interpretarlas

Hasta hace poco, cuando un guion indicaba “tienen sexo”, se lanzaba a los cuerpos a la improvisación. Los actores interpretaban lo que entendían que significaban esas palabras, o lo que marcaba el director. Sin preguntas, porque el cuerpo debía acatar “como un muñeco” los caprichos de la historia, cuentan Lucía Delgado y Tábata Cerezo (ambas madrileñas de 33 años). Conocen bien ese escenario por el que se deslizaba

ional-ha-desaparecido-de-la-cartelera.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/icon/2023-04-20/la-lujuria-en-2023-por-que-el-sexo-tradicional-ha-desaparecido-de-la-cartelera.html" data-link-track-dtm=""> la posibilidad de una imprudencia y que, a menudo, despojaba a la historia de minutos de originalidad, dejando en su lugar la repetición de un fotograma que el público había visto mil veces. Lucía y Tábata son, además de coordinadoras de intimidad, actrices, y ellas mismas han interpretado escenas de desnudo.

Pero todo esto ocurría, sobre todo, antes de que el movimiento #MeToo cuestionara las relaciones de poder y el consentimiento dentro de la industria del cine. Antes de que Hollywood institucionalizara la figura del coordinador de intimidad, de que plataformas como HBO la hicieran obligatoria y de que series como Sex Education o Normal People demostraran que no se trata de eliminar el sexo, sino de representarlo mejor. Antes de que Lucía y Tábata fundaran en 2021 una agencia pionera en la coordinación de intimidad en España que llamarían IntimAct.