La Comisión plantea estabilizar la cotización de los derechos de emisiones de carbono

Rebajar el precio de la factura energética se ha convertido en la prioridad absoluta de la Unión Europea: en el corto plazo, para contener el impacto de las altas cotizaciones del crudo por la guerra en Oriente Próximo; en el medio y largo, para que las empresas europeas ganen competitividad en los mercados internacionales. Con este objetivo, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, plantea a los líderes de la UE un abanico de medidas que pueden tener efecto rápido, como reducir los impuestos sobre la electricidad, poner topes al gas (o subvencionarlo) destinado a la generación eléctrica. También plantea revisar el mercado de derecho de emisiones de carbono para, al menos por ahora, contener sus cotizaciones. Para el futuro algo más lejano, la alemana incide en “evitar el desmantelamiento prematuro de activos, como las centrales nucleares existentes”.

La guerra en Oriente Próximo vuelve a demostrar que la UE tiene un punto flaco con los combustibles fósiles. Lo dice la propia Von der Leyen en una de las cartas que ha remitido a los jefes de Estado y Gobierno antes del Consejo Europeo de este jueves: “Varios sectores [económicos de la UE], especialmente el transporte, siguen dependiendo en gran medida de los combustibles fósiles importados”. Esto ya se vio nítidamente en 2022, cuando Rusia invadió Ucrania y el mercado del gas natural colapsó. El nuevo conflicto bélico lo pone de relieve con el petróleo, cuyo encarecimiento está costando por ahora 6.000 millones a las empresas y las familias europeas desde que empezaron a caer las bombas en Irán el 28 de febrero, según los números de la Comisión.