Los pueblos de Tierra de Campos, entre Valladolid y León, coinciden en el apoyo tradicional al PP, aunque el descontento ha dado alas a Vox

Si el cielo de Castilla es alto será porque lo han levantado los políticos de tanto mirarlo. Los dirigentes sustituyen hoy a los campesinos de la cita de Miguel Delibes en estas tierras agrarias donde el sol baña la jornada electoral autonómica, alivio para los partidos porque el frío o la lluvia dejarían muchas papeletas en casa. La despoblación también se ha llevado a esos campesinos que ahora apenas se ven con sus tractores y el éxodo deja casas cerradas y muros derrumbándose. Este escenario de Tierra de Campos, una comarca que comprende Valladolid, Palencia, León y Zamora, se asemeja a la gran parte de la Castilla y León rural, pasto del olvido que bosteza ante las urnas: se acude con pereza y resignación sabiéndose secundarios pero con fidelidad hacia la derecha. El PP, al mando desde 1987, reina, aunque ahora con competencia en su estribor ideológico. Hay zozobra de marca Vox entre el océano del PP.

La agrietada carretera nacional entre Valladolid y León pasa por inmensas llanuras sazonadas con molinos de viento y placas eólicas, energía para muchos metropolitanos y riqueza para pocos rurales más que los bendecidos por sus estratégicas tierras. Gasolinera de Medina de Rioseco (4.600 habitantes, Valladolid). La empleada resopla ante el carísimo panel de precios: “La gente se queja, nos han metido la guerra por los ojos… Pero es lo que hay”. Es lo que hay, el gran mantra rural pese a la decadencia de décadas. Los mapas estadísticos ponen siempre en rojo sangre el descenso demográfico, socioeconómico, juvenil y de trabajadores en pueblos como los anejos a esa carretera según asciende por la meseta. En lo electoral, siempre marea azul.