El crudo envenena el sustento de cientos de familias en la laguna del Ostión mientras los pobladores reclaman apoyo de las autoridades

El petróleo ya no se ve, pero está presente. Los peces nadan en el mar, pero ya no se pescan. El agua no está manchada, pero deja una extraña espuma color café con cada coletazo. Mientras la rutina parece seguir su curso en el municipio de Pajapan, al sur de Veracruz, la amenaza invisible del derrame de petróleo -que comenzó hace casi dos semanas y ha alcanzado a 230 kilómetros de la co...

sta del golfo de México- permea cada minuto del día de sus habitantes. Jaibas sin pescar y camarones sin vender dibujan la nueva realidad de decenas de familias que, ante la polución de la laguna del Ostión, luchan por sobrevivir una emergencia que los ha dejado sin su principal sustento. “Está crítico porque yo, desde el día que entró la contaminación, no he trabajado ningún día”, asegura Vicente Vargas, un pescador de 49 años que lleva 14 años en este oficio.

Como él, muchas personas se quedaron sin trabajo de un día a otro. Al aparecer las primeras señales de la tragedia ecológica, Emeterio Hernández, un lagunero de 69 años, estaba en su casa cuando su hijo lo puso en alerta: “Me habló por teléfono y dice ‘Pa, hay problemas con la laguna’”. Al escuchar esto, Emeterio se trasladó a Jicacal, un poblado ubicado en la intersección entre la laguna del Ostión y el golfo de México, donde una muchedumbre estaba reunida. “Cuando llegué allá a Jica ya estaba la gente ahí amontonada. Vi que venían unas personas de Pemex y me dicen ‘Estamos recorriendo la orilla porque hay un derrame’, y les digo ‘Ustedes no se dan cuenta, pero en la bucana de la laguna ya se metió [el petróleo]’”, narra.