Los científicos independientes de Estados Unidos aplastan el autoritarismo de su Gobierno

Donald Trump es propenso a equivocarse. Ya conocemos sus errores en cálculo arancelario, gestión migratoria y bombardeos, pero yo soy muy pesado, y creo sinceramente que su política científica es igual de catastrófica, y que haber nombrado

"_self" rel="" title="https://elpais.com/proyecto-tendencias/2025-01-22/olvida-a-elon-musk-el-problema-es-robert-kennedy.html" data-link-track-dtm="">como secretario de Salud a Robert Kennedy —no el más brillante de esa familia— va a contribuir decisivamente a llevarse por delante a este dictadorzuelo de opereta. Veamos cómo.

Durante los últimos meses, Kennedy y el jefe de la FDA (Agencia del Medicamento) nombrado por él, Marty Makary, se han empeñado en ensalzar el leucovorín, una forma sintética de la vitamina B9, como un tratamiento contra el autismo, sin aportar ninguna prueba sólida ni argumento comprensible para ello. La vitamina B9, o ácido fólico (o folato, que es lo mismo), se requiere para la generación de las células de la sangre y para el metabolismo del ADN y el ARN, lo que a su vez afecta a casi cualquier proceso biológico. Abunda en las espinacas, las acelgas y las legumbres, y las embarazadas suelen tomarla como suplemento. Yo también la tomo, porque tengo anemia. Pero el autismo no se debe a una deficiencia de folato.