Un grupo de jóvenes explica cómo llegó a este contenido, por qué apps circula más y cómo lo afrontan al ir creciendo
“No me acuerdo de cuándo fue la primera vez, sería en tercero o cuarto de primaria”, dice Lucía, de Cádiz y de 17 años, sobre su primer acceso a contenido pornográfico. “Hace muchísimos años que nos enteramos, a mí me mandarían un sticker o algo así”, dice Carolina, también de 17 años y de Cádiz. Ambas recuerdan un momento que no les ha quedado grabado, pero que con toda probabilidad fue en la pantalla de un móvil, propio o ajeno, y en una app de mensajería....
El acceso juvenil a contenido pornográfico es una de las grandes preguntas de los adultos de cada generación. Con el nuevo sistema de verificación de edad, las autoridades pretenden ahora cambiar el modo en que se usa internet. Los padres de la última década tienen un temor mayor porque el listón de entrada ha bajado: internet y los móviles son un manantial profundo y eterno de pornografía. “En mi caso recuerdo que a lo mejor fue viendo vídeos, lo típico que te sale en alguna red”, dice María, de 16 años y de Valencia. “A mí me lo enseñó algún amigo mayor”, dice Joan, de 16 años y de Tarragona.
Casi todas las opiniones en esta rara y compleja conversación sobre pornografía, llena de largos silencios, surgen de un encuentro online de EL PAÍS con 11 adolescentes de un grupo llamado Cibercorresponsales, que promueve la participación de jóvenes en debates actuales de la organización Plataforma de Infancia. “Me acuerdo de un amigo que hace poco subió una story a Instagram pidiendo que, por favor, dejaran de dar like a movidas guarras porque después le salían a él”, dice Iker, de 16 años y de Madrid.







