La norma consolida el giro de Xi Jinping hacia una identidad nacional más centralizada, con un refuerzo del uso del mandarín y mayor control ideológico sobre la religión
Telas brillantes, bordados geométricos y tocados monumentales salpicados de pompones, cuentas y plata han brillado estos días bajo las luces del Gran Salón del Pueblo de Pekín. Delegados de minorías étnicas de toda China ataviados con sus trajes tradicionales han ocupado sus escaños en la gran cita política anual de China, un escaparate cuidadosamente coreografiado en el que también se exhibe la diversidad nacional. ...
Pero el periodo conocido como las Dos Sesiones ―durante el que se reúne el pleno de la Asamblea Nacional Popular (el Legislativo) y de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino (un órgano asesor)―, no se caracteriza por el debate parlamentario. Las decisiones ya las ha tomado previamente el Partido Comunista. En medio de esa escenificación, con las cámaras captando ese mosaico de identidades, el Gobierno ha sacado adelante una nueva ley que busca redefinir la política étnica del gigante asiático, en un momento en el que Pekín trata de consolidar un modelo más centralizado de identidad nacional.







