Desde el estreno de la serie ‘Love Story’ se ha hecho oficial la tendencia de emular el ‘look’ del añorado hijo del presidente Kennedy. Pero su mezcla noventera de elegancia y desparpajo es difícil de replicar sin masacrarla
Los Kennedy están de nuevo en boca de todos, y esta vez no es porque Robert F. Kennedy Jr. haya recordado que esnifó cocaína de la tapa de un inodoro o que mató a un oso y abandonó su cuerpo en Central Park. Love Story, la comentada serie de Ryan Murphy que reconstruye la relación entre John Kennedy Jr. y Carolyn Bessette, fallecidos en un accidente de avioneta junto a la hermana de ella en 1999, tiene a la generación Z encandilada. Hace pocos días cundía la noticia de que uno de los abrigos de Carolyn se había vendido en subasta por 192.000 dólares. También que las fans reprochan a Calvin Klein que ya no produzca ropa como la de la época que la serie retrata. Y en el mes transcurrido desde su estreno han proliferado los artículos en revistas masculinas explicando cómo emular el estilo de John-John, así como los vídeos de influencers disfrazados de él y hasta concursos de imitadores.
Todo ello con resultados menos que estelares, aunque estén todos los ingredientes: pantalones de lino, chinos de con pinzas, trajes oscuros, gafas de sol deportivas, chalecos con camisa estampada y, por supuesto, gorras Kangol puestas del reves. Sin embargo, la receta nunca sale bien. Se le puede echar la culpa a muchas cosas: las proporciones de los trajes y corbatas de hoy son más skinny que en los noventa y los tejidos actuales hace tres décadas apenas hubiesen sido aceptables como forros. Por no hablar del duradero imperio del pantalón pitillo y de talle bajo, a años luz de nada que Kennedy tocó en su vida. Pero el problema real radica, como siempre ocurre en redes sociales, en la descontextualización total del estilo y el mundo en el que John Kennedy Jr. se movía.







