Estuvo siempre por encima de sus ocurrencias, porque cuando se ponía a escribir como aquel muchacho que lo llevó al mundo de Julius, era una memoria extraordinaria
Le recordé una cita de César Vallejo, con quien tanto quería: “Hace un frío teórico y práctico”. Y entonces le pregunté qué tiempo hacía en el alma ya entonces muy cansada de Alfredo Bryce Echenique. Él había vivido por el mundo y ahora reposaba en su casa, cerca de Lima. Me dijo desde allí: “Verano”. En el tiempo hacía verano. Y siguió diciendo aquel hombre que era a la vez la noche y el día, callado y d...
ispuesto siempre a salir de juerga, para cantar o para seguir lejano, ensimismado, hasta que se le devolvía la memoria y entonces era el contador de historias más divertido, y preciso, que uno pueda imaginarse.
Verano, hacía verano… “Ahora está demorando mucho. El cielo está cubierto de nubes. Lima tiene cielo de panza de burro. Y eso me falta, el verano. El tiempo de fuga, el mar, la infancia, la adolescencia, el balneario… Por ahí deambula Julius, claro que sí”. Julius era su personaje mayor; cuando ibas con él a la búsqueda de aquel muchacho que él mismo inventó, te llevaba al centro mismo de su inspiración. Aquella novela, Un mundo para Julius, lo llevó al mundo y lo puso cerca del boom.






