Los aliados de Irán meditan su repuesta en medio de presiones internas. Si el conflicto se alarga amenazan con intervenir, incluso con un bloqueo del mar Rojo

Solo un día después del inicio de la ofensiva de Israel y Estados Unidos contra Irán, el 28 de febrero, milicias iraquíes alineadas con Teherán se atribuyeron varias acciones contra bases norteamericanas en Irak y otros puntos de la región. Al día siguiente, otro estrecho aliado de Irán, el grupo libanés Hezbolá, lanzó un ataque a Israel en represalia por el asesinato del líder supremo iraní, Ali Jameneí. Pero una semana tras el comienzo de las hostilidades, uno de los socios regionales más destacados de Teherán continúan sin mover ficha: los hutíes de Yemen.

La cautela mostrada por el grupo hasta ahora, según analistas del país, responde a las pérdidas sufridas en ataques de Estados Unidos y de Israel en los últimos dos años, al temor a nuevas represalias y a consideraciones domésticas. Sin embargo, si el conflicto se prolonga, muchos anticipan que se verán empujados a intervenir, aunque sea de una forma calibrada, por deber religioso, compromiso ideológico, reputación y lealtad a sus aliados. Entre las acciones que podrían adoptar figura la reanudación del bloqueo del tráfico marítimo a través del mar Rojo.