La izquierda teme perder la ciudad tras 25 años de gobierno en las elecciones municipales de Francia del domingo, mientras las tensiones entre ultras siguen vivas
Grégory Doucet va en bici y en transporte público a todas partes. En cinco años, el alcalde ecologista de Lyon ha embarcado a la ciudad en una transformación radical que ha inundado el municipio de pistas ciclables, nuevas líneas de tranvías y un parque de vivienda pública que sigue todavía en proceso de construcción. “Ese es el problema. A veces la gente sufre con las obras y es difícil ver su lado positivo hasta que no están acabadas”, explica colocándose el casco de su bicicleta, justo después de participar en la colocación de la primera piedra de un nuevo proyecto, y asumiendo el coste electoral que puede tener este domingo en el primer turno de las elecciones municipales en las que votará toda Francia. Una votación enturbiada hace dos semanas por la muerte de un activista de ultraderecha.
Lyon es la tercera ciudad del país. Un municipio burgués, asentado, con una tradición de progreso e industria, pero también atravesado por un sustrato social conservador, marcado a fuego por la presencia de la Iglesia católica. La ciudad es una plaza clave para entender el país y su evolución. Y en el primer turno de las elecciones ―este domingo― podría dar un paso para que la alcaldía pase a manos de la derecha después de un cuarto de siglo ocupada por fuerzas progresistas. El principal candidato es ahora Jean-Michel Aulas, histórico presidente del Olympique de Lyon, que encarna una figura de consenso entre el mundo conservador, justo cuando la ciudad se ha visto envuelta en fuertes tensiones ideológicas tras la muerte de un militante de ultraderecha a manos, presuntamente, de miembros de una organización de extrema izquierda. La tensión es palpable en determinados lugares desde entonces.










