Gracias a la penetración de las energías limpias, España dispone de precios de la electricidad mucho más asequibles que el resto de Europa

La escalada bélica en Oriente Próximo, tras el bombardeo de Irán por parte de Estados Unidos e Israel, ha desencadenado una nueva crisis energética que obliga a Europa a repensar su modelo energético. La reacción inmediata de la república islámica ―además de devolver ataques a las embajadas estadounidenses...

en países del entorno― fue bloquear el estrecho de Ormuz, un canal por el que circula el 20% del comercio de petróleo mundial y el 25% del de gas, según la Agencia Internacional de la Energía.

De nuevo, la inestabilidad geopolítica deriva en una crisis de precios de la energía que llevará a los países europeos a padecer inflación. Decimos “de nuevo” porque no hace falta mirar muy atrás para encontrar un momento de volatilidad similar. Tras la invasión de Ucrania, la dependencia de la Unión Europea del gas ruso quedó expuesta y obligó a tomar decisiones rápidas para amortiguar la subida de precios. Se impulsaron las renovables, sí, pero también se buscaron nuevos proveedores, sin aprovechar la coyuntura para cortar la raíz fósil que lastra la economía y soberanía del viejo continente.