Tras diseñar el la unidad de potencia más competitiva de la nueva Fórmula 1, la escudería británica juega con ventaja sobre sus clientes como quedó claro en Melbourne

El doblete de Mercedes este domingo en Melbourne se venía venir, especialmente si uno había seguido más o menos de cerca los ensayos de pretemporada. Tampoco fue descabellado comprobar que Ferrari parece haber dado al fin con un diseño con el que volver a ganar carreras de forma más o menos habitual. O que la etapa de crecimiento en la que se encuentra Red Bull, tras dejar atrás su alianza con Honda, está en una fase más avanzada de lo que se podía imaginar hace unos meses, cuando los rumores relativos al vínculo con Ford presentaban un panorama desolador. Ni siquiera el cataclismo de Aston Martin pilló tanto por sorpresa al personal como los más de 50 segundos que separaron a George Russell, el ganador de la carrera en el Albert Park, de Lando Norris, el actual campeón, que cruzó la meta el quinto y a quien no le pasó nada extraordinario. Norris, simplemente, rodó mucho más lento que las Flechas de Plata y los bólidos rojos, a pesar de hacerlo con la misma especificación de motor, bautizada como M17 E Performance.

El actual campeón fue el único piloto de McLaren en tomar parte en la prueba, después de que Oscar Piastri perdiera el control de su monoplaza en la vuelta de formación de parrilla, y terminara estampado contra el muro. Del resto de coches equipados con el M17 E Performance, el que más se acercó a Norris fue Pierre Gasly (Alpine), que concluyó el décimo, una vuelta por detrás de Russell.