Cada año adicional de escolaridad aumenta los ingresos individuales entre un 9% y un 10% y contribuye al crecimiento económico
En América Latina y el Caribe hemos aprendido que la diversidad puede convertirse en fortaleza cuando decidimos trabajar juntos. En una región marcada por profundas desigualdades, la cooperación educativa ha sido una herramienta concreta para avanzar en lo esencial sin perder identidad....
Así ocurrió con las grandes campañas de alfabetización y con los primeros proyectos regionales que más tarde inspirarían metas globales como el ODS 4. Ese trabajo compartido no solo produjo acuerdos: consolidó las bases para impulsar una educación de calidad para todas y todos.
Uno de sus mayores aportes al mundo ha sido sostener espacios de diálogo entre ministras y ministros, equipos técnicos y especialistas en varios ámbitos del área educativa. Allí se comparten experiencias, se construyen consensos y se alinean prioridades. Cuando ese intercambio es constante, se traduce en políticas públicas reales y sostenidas en el tiempo.
El contexto actual refuerza esa necesidad. Las tensiones geopolíticas, la reducción del financiamiento y la fragmentación del escenario global hacen que la cooperación regional ya no sea opcional. Cuando la región lidera sus propios acuerdos, fortalece su autonomía y reduce la dependencia de factores externos.






