Las tres temporadas, que se pueden ver en Apple TV, muestran una visión compleja y nada maniquea de la guerra entre los dos países y del mundo de los espías

Quienes se acerquen a las tres temporadas completas de la serie israelí Teherán (ocho capítulos por entrega, disponibles en Apple TV) se van a llevar más de una sorpresa. La serie, que ha pasado ciertamente desapercibida en España incluso tras el estallido de la guerra (es la cuarta opción entre los usuarios de la plataforma,

e="https://elpais.com/television/series/2026-01-26/terapia-sin-filtro-o-como-hacer-una-comedia-de-la-depresion-todo-en-la-vida-va-de-hacernos-sentir-un-poco-mejor.html" data-link-track-dtm=""> detrás de Terapia sin filtro o Hijack) alberga ciertas peculiaridades que merecen una lectura más pausada.

La producción es israelí, cierto, y fue calificada por las autoridades iraníes como “antiiraní y promiscua”, pero desde el principio mostró una vocación distinta, de relato en el que los personajes de uno y otro bando no están en ningún caso en un lado claro de la frontera entre el bien y el mal. Son espías, hacen su trabajo, sirven a su amo, se entregan a su país. La actriz israelí Niv Sultan es Tamar Rabinyan, una hacker del Mossad infiltrada en Irán para desbaratar su programa nuclear. Su némesis es Faraz Kamali, todopoderoso jefe de la inteligencia iraní interpretado por un excelente Shaun Toub (actor estadounidense de origen iraní conocido por Homeland o Cometas en el cielo); el guion y la caracterización llenan de matices al personaje. El elenco, que mezcla actores de origen iraní con otros israelíes, se completa con la presencia de estrellas internacionales. En la segunda temporada fue Glenn Close y en la tercera Hugh Laurie, ambos en papeles turbios y a ratos desconcertantes.