Una nueva investigación revela que la popular biblioteca de Barcarrota, uno de los hallazgos literarios más sonados del siglo pasado, perteneció a Fernão Brandão, que huyó de su país al ser perseguido por la Inquisición

La biblioteca de Barcarrota fue uno de los hallazgos bibliográficos más relevantes del siglo pasado. La encontró un matrimonio, Toni Saavedra y Raúl Cordón, cuando decidieron reformar su casa familiar, una vivienda antigua en la plaza de la Virgen de Soterrano, en la pequeña localidad de Barcarrota (Badajoz) en 1992. La piqueta del albañil, en uno de sus envites, en lugar de sacar ladrillo sacó papel. En el hueco que había sido tapiado con esmero encontraría, además del libro atraves...

ado por la herramienta, otros 10. Todos datados en el siglo XVI y escritos en varias lenguas.

El más especial: una edición de El lazarillo de Tormes impresa en 1554 y que, como sus compañeros de refugio, había burlado casi intacta el paso del tiempo. Ahora, según una nueva investigación del profesor Pedro Martín Baños, podemos saber que quien los había escondido ahí —hasta ahora desconocido— fue, en realidad, Fernão Brandão, un hidalgo portugués que huyó de su país para burlar a la Inquisición. “Era un personaje”, lo describe titubeante el investigador, “es decir, alguien que se salía un poquito de la norma hidalga”. O, resumido por los inquisidores de la época: “Un impío sodomita”.