Durante un fin de semana caótico, el Gobierno eligió una opción diferente a 2025, cuando permitió a EE UU usar las bases en una operación relámpago en Irán
El pasado fin de semana fue caótico, según admiten fuentes gubernamentales. Las noticias que llegaban del otro lado del Atlántico eran ambiguas, si no contradictorias. El presidente estadounidense, Donald Trump, emprendía una guerra que ha incendiado Oriente Próximo desde su residencia privada de Mar-a-Lago, con un reducido grupo de colaboradores, mientras los Estados Mayores y altos funcionarios del Pentágono e...
speraban instrucciones en Washington. El Gobierno español no fue avisado de la inminencia del ataque. Tampoco lo fue ninguno de los aliados, incluida la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, la más afín a Trump, cuyo ministro de Defensa, Guido Crosetto, quedó atrapado en Dubái, donde pasaba un fin de semana familiar. La negociación que estadounidenses e iraníes mantenían en Ginebra sobre el programa nuclear en Teherán parecía encarrilada hacia un acuerdo. Hasta que empezaron a caer las bombas.
El Gobierno español podía haber ”mirado a otro lado”, señalan fuentes militares, como hizo en junio del año pasado, cuando Estados Unidos e Israel atacaron instalaciones del programa nuclear iraní. Entonces, bombarderos B-2 fueron reabastecidos en vuelo por aviones cisterna desplegados en la base de Morón de la Frontera (Sevilla). La operación de suministro de combustible se efectuó, tanto el viaje de ida como el de vuelta, sobre aguas del Atlántico, tal como contó EL PAIS.











