La película supuso el fin de Erich Von Stronheim, y la gloria de Gloria Swanson. Él, ironías de la vida, sería su mayordomo en ‘El crepúsculo de los dioses’
El famoso retrato que Edward Steichen hizo de Gloria Swanson en 1924, un primer plano de la diva del cine mudo tras una red de fino encaje, inmortalizó la fascinante belleza de una de las actrices que mejor personificó los sueños y delirios del naciente Hollywood. Swanson fue la estrella absoluta de La reina Kelly, película maldita de Erich von Stroheim que la actriz produjo junto a su entonces amante, Joseph Kennedy, y que ahora revive tras ser restaurada en 4K y en parte reconstruida con materiales inéditos. Existía un trabajo previo, de 1985, que esta nueva versión amplía.
La reina Kelly fue el gran capricho de Swanson. Supuso el final de la carrera en Hollywood del extravagante perfeccionista Von Stroheim, que acabó defenestrado y nunca pudo acabarla por los elevados gastos de la producción. Como declaró una vez Swanson, “el caviar que comíamos en escena era caviar de verdad. El problema era que lo pagaba yo y Stroheim nunca se daba por satisfecho”. Años después, en uno de los giros metacinematográficos más perfectos de la historia de este arte, Von Stroheim y Swanson se reunirían bajo las órdenes de Billy Wilder en El crepúsculo de los dioses (1950). Ella era Norma Desmond, una diva en su decadencia, y Von Stroheim, Max Von Mayerling, su antiguo director y marido, reconvertido en devoto mayordomo. Cosas de la vida, el pasado glorioso de Norma Desmond estaba representado por una de las secuencias que había pervivido de La reina Kelly.






