Troncos, ramas, hojas y flores: en los estands de esta 45ª edición de la feria abundan creaciones arbóreas que alertan del cambio climático, pero que aluden también al feminismo o el colonialismo

La feria de arte contemporáneo Arco, que celebra su 45ª edición hasta el 8 de marzo en Ifema (Madrid), se asemeja con su espesura de estands a un bosque de obras de arte. Y como todo bosque, este también se encuentra poblado de árboles. Entendido como emblema de la naturaleza, la ecología o la biología; como sujeto o como material; motivo o contexto, el árbol se antoja este año un protagonista destacado entre las propuestas de las 211...

galerías llegadas de 30 país que participan en este gran acontecimiento anual del arte contemporáneo en España. Aunque se ubican en un yermo paraje industrial, basta enfocar la mirada para ver árboles por todas partes.

Entre los pabellones 7 y 9 del recinto ferial se vislumbran árboles pintados, fotografiados, en vídeo; hay esculturas de árboles en cerámica y metal, hay troncos de árboles como soporte, hay ramas, hojas y flores… por haber, hay incluso alguna planta viva, como en la pieza del salvadoreño Simón Vega que presenta la galería madrileña Albarrán Bourdais, Estela del Gobernante G, un diálogo entre una fría máquina de metal y el frescor acuático de la naturaleza. “Muchas veces los artistas dan mejor que nadie las noticias”, apunta Raquel Ponce, de Ponce+Robles. Y, en esta ocasión, parecen haber escogido al árbol como altavoz de sus reivindicaciones.