En su 45ª edición, que se celebra en Madrid del 4 al 8 de marzo, Arco dedica su sección comisariada a la creación en el año 2045. Artistas y expertos imaginan un sector más diverso, estable y con vocación pública

Entre las promesas de un futuro de velocidad y transformación surgidas de la fantasía artística de principios del siglo XX y el presente del XXI, instalado en el pensamiento de crisis permanente, median los que probablemente hayan sido los años más vertiginosos de la historia de la humanidad: una centuria de pesadillas materializadas, utopías truncadas y un sinnúmero de proyectos a medio hacer. Lo que se presenta por delante enrosca un ovillo cada vez más complicado de desenmarañar: por eso, más que de predicciones, el arte contemporáneo prefiere hablar hoy de “práctica” y “deseos”. Ya no se erige en visionario, sino que invita a pausar y hundir un pie en el ayer para tomar impulso....

Desde esa premisa del arte actual como “imaginación del futuro” aterriza la sección central de Arco de esta 45ª edición (del 4 al 8 de marzo en Ifema, Madrid), comisariada por Magalí Arriola y José Luis Blondet, que sustituye a la antigua invitación a países y regiones del mundo. Bajo el título ARCO 2045, El futuro, por ahora, una veintena de artistas internacionales —de Albert Serra a Thomas Hirschhorn, de Barbara Bloom a Akira Ikezoe— transitan con sus esculturas, pinturas, vídeos o instalaciones la senda de un tiempo no lineal: “Un poema de Wisława Szymborska dice que, cuando pronuncias la palabra futuro, la primera sílaba ya pertenece al pasado”, apunta Blondet en una videollamada con Arriola. “Es imposible hablar de futuro, es una paradoja. Por eso pensamos en el déjà vu, en la anticipación, en la nostalgia. El futuro a lo mejor es un recuerdo reciente, una memoria fresca”.