La agresión a una base aérea británica en Chipre obliga a los Estados a posicionarse, aunque limitan su participación a operaciones defensivas

Transcurridos seis días desde el inicio de la ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán, los países europeos se han visto empujados a posicionarse en el conflicto tras el ataque a una base aérea británica en Chipre. Desde entonces, gran parte de los gobiernos europeos han mostrado su solidaridad con la isla y prometido refuerzos militares para su defensa, pero se han desligado de la ofensiva estadounidense contra Irán argumentando que esta “no es su guerra”.

El presidente Pedro Sánchez respondió con un claro “no a la guerra” el pasado martes, posicionándose como principal opositor a la ofensiva de Donald Trump. España se ha negado a permitir que Estados Unidos utilice las bases militares de Rota (Cádiz) y Morón (Sevilla) para atacar a Irán. “No vamos a ser cómplices de algo que es malo para el mundo por miedo a las represalias de alguno”, se mostró tajante Sánchez durante una comparecencia en La Moncloa la mañana del miércoles en referencia a la respuesta de Trump, quien amenazó con bloquear el comercio con España. Ese mismo día, la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, aseguró que España estaba de acuerdo en “cooperar con el ejército estadounidense”, declaraciones que fueron desmentidas inmediatamente por el ministro de Exteriores español, José Manuel Albares.