Al conquistar una victoria en la lucha contra la privatización del río Tapajós, los pueblos amazónicos son tratados como vándalos en un año electoral en Brasil

Los dos periódicos más importantes de Brasil empuñaron sus editoriales del 24 y 25 de febrero para subrayar, en año electoral, que los indígenas deben recordar cuál es su lugar en el proyecto de las élites. Respondían a la decisión del Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva de derogar un decreto que autorizaba estudios técnicos para otorgar la concesión de vías fluviales en el río Tapajós a empresas privadas. El decreto ponía en manos privadas la responsabilidad de la navegabilidad (incluyendo dragados) de un río que es el hogar de decenas de pueblos originarios y ribereños, además de miles de especies, como el manatí amazónico, que está en grave peligro de extinción. Otros dos ríos de la Amazonia, el Madeira y el Tocantins, también estaban en el punto de mira. El Gobierno solo revocó su propio decreto tras un levantamiento de centenares de indígenas de 14 pueblos contra la “privatización del Tapajós”, que, entre otras acciones, incluyó un campamento frente a la terminal portuaria de Cargill, el gigante estadounidense de la soja, en el municipio de Santarém. El 21 de febrero ocuparon también el interior. En total, el levantamiento indígena duró más de un mes. Acto seguido, los periódicos O Globo y Folha de São Paulo dejaron claro que, cuando los indígenas afectan al capital, su derecho a protestar deja de ser legítimo y se vuelve antidemocrático.