Estar gravado con un IVA mucho más alto que en los países de nuestro entorno es una anomalía que lastra el comercio español del arte

Quien acuda estos días a Arco, la feria de arte contemporáneo que abre sus puertas este miércoles en Madrid, se encontrará de nuevo con una llamativa anomalía. Dos obras equiparables del mismo artista en dos galerías europeas tendrán un precio distinto. Esto se debe a que, si la galería es española, se le aplicará un IVA del 21%; si es, por ejemplo, francesa el gravamen será de un 5,5%.

El sector del arte en España lleva tiempo reclamando al Gobierno que acabe con este agravio comparativo. Las protestas se han intensificado en los últimos meses y volverán a escenificarse en esta edición. España es el único país europeo del entorno que grava las adquisiciones de arte con un 21%. Se mantiene el mismo tipo que decidió en 2012 el entonces ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, y ningún Gobierno desde entonces ha accedido a aplicar tipos reducidos como sí han hecho Italia (5%), Francia (5,5%), Alemania (7%) o, en los últimos meses, Portugal (6%) y Bélgica (6%). En conclusión, las galerías españolas operan en desventaja respecto a sus pares de los Veintisiete.