Los altos costes, las escasas ayudas y el IVA que en España graba las ventas convierten estas citas ineludibles para el negocio en una apuesta arriesgada
Hace tiempo que las ferias se han convertido en eventos esenciales en el mercado del arte. Escasos son los profesionales que no están en las grandes citas internacionales. Basilea, Frieze, Armory Show, FIAC, Zona Maco o Arco, que comienza en Madrid este miércoles, son algunas de las ferias que nadie quiere perderse. Es sobre estos escenarios donde los marchantes hacen la mayor parte de los negocios anuales. Según el informe 2025 de
oreferrer" title="https://elpais.com/noticias/art-basel-feria-arte-contemporaneo-basilea/" data-link-track-dtm="">Art Basel, supone de promedio mínimo el 31% de sus ingresos. Pero hay quienes hablan de cifras mucho más altas, como Rocío Santa Cruz, directora de la galería homónima de Barcelona; la también directora de Arts Libris eleva a un 60% la facturación durante las ferias a las que asiste, y cree que su caso no es excepcional.
Sea como sea, está claro que los galeristas hacen lo imposible para acercarse a los coleccionistas de todo el mundo y tratar de esquivar esas crisis que no acaban de despejar su horizonte. Desde que en 1967 abrió sus puertas la feria de Colonia, considerada la más antigua, el negocio ha experimentado una transformación radical. De la relativa tranquilidad que suponía exponer y vender la mayor parte de la obra en la propia galería, se ha dado un salto en el que quedan pocos huecos sin marcar en el calendario de este tipo de citas a las que viajar.







