Imagen de archivo de un bosque calcinado por un incendio forestal es Ourense. EFE/Brais Lorenzo
Amaya Quincoces Riesco |
Madrid (EFE).- Con los montes empapados tras sucesivas borrascas -ahora Regina, recién estrenada la primavera meteorológica-, surge una pregunta inevitable: ¿habrá menos incendios este verano o serán menos virulentos? Hace unas décadas, un escenario así habría invitado al optimismo pero el pronóstico ahora parece sombrío: la crisis climática ha cambiado las reglas del juego.
Los terrenos y embalses rebosan agua en estos momentos, pero con la emergencia climática global que sacude especialmente a España por su geografía, las olas de calor, cada vez más intensas y prolongadas, junto con las llamadas sequías atmosféricas repentinas, están disparando la predisposición del monte seco a arder en verano incluso tras inviernos lluviosos.
Aun cuando el suelo conserva la humedad, la atmósfera puede volverse «extremadamente sedienta» con el calor extremo y extraer el agua de la vegetación con rapidez, según ha explicado a EFE el ingeniero Víctor Resco de Dios, catedrático de Ingeniería Forestal y Cambio Global de la Universidad de Lleida e investigador en Agrotecnio.







